Sufrimos
No puede haber mejor manera de iniciar este espacio. Cuando se sufre tanto, se goza mucho más. Aunque se consiguió un título ansiado por toda los ciudadanos de la nación crema y tendremos una blanca navidad llena de alegría por haber ganado esta final de infarto con gran personalidad, la celebración no debe apartarnos de pensar que tuvimos una temporada para olvidar. Las conmovedoras palabras de Erwin "el abuelo" Morales: "siempre creímos"...hablan, y mucho, de todo lo que tuvo que pasar el grupo de jugadores durante todo este torneo apertura.
Primer hecho: Comunicaciones jugó de visita todo el campeonato. Los partidos jugados en el Estadio Pensativo de Antigua Guatemala dieron inicio a una temporada llena de dificultades. La tan tarareada nueva gramilla del Estadio Cementos Progreso nunca llegó y el factor cancha tuvo un peso significativo en los malos resultados de la fase de clasificación.
Segundo hecho: la permanencia en el banquillo de Julio César González, adversada unánimemente por toda la órbita crema fue un factor de tensión entre la afición y los jugadores, evidenciando que este hecho estaba afectando la convivencia interna del grupo. Aunque no se puede hablar en esta temporada de una fractura en el grupo de jugadores, quedaba de manifiesto que un sector importante de ellos ya no estaba a gusto con el técnico uruguayo. Pedro Portilla, ese presidente ausente y sin ninguna identificación y respeto por la historia del club, se empecinó en mantener a González aún y con todo lo que seguramente sus allegados le contaban acerca de las peticiones de dimisión e insultos que la afición le gritaba en los partidos del Torneo de Copa. Esta relación entre el técnico y la afición se había deteriorado desde la temporada pasada. El partido contra Mictlán en El Pensativo fue el punto de partida de la salida de Julio César González de Comunicaciones. Cuando se perdió el juego, muchos aficionados se subieron a la malla a gritarle de todo y ni se inmutaba. Esta presión creciente de la afición crema y los malos resultados hicieron imposible su permanencia. El mal ambiente crecía y crecía y Portilla al verse apremiado, no tuvo más remedio que apartarlo de la institución y echar mano de ese hombre que ha mostrado una identificación con el club a toda prueba: Iván Franco Sopegno, quien recibió un equipo caído anímicamentente y subió y su semblante y nivel de juego hasta conseguir vencer en una final épica. La necedad de una directiva que nadie conoce y la mediocridad de González al plantear partidos timoratos que ponían a la afición al borde del desquiciamiento, no fueron los únicos factores que incidieron en su destitución: las salidas de Cotto y Ciani fueron un duro golpe para el futuro futbolístico de Comunicaciones. Cotto se mostró como ese punto de equilibrio en el mediocampo y ante todo, como un líder natural dentro del grupo por su identificación con la camiseta alba. Ciani fue el aporte ofensivo del que el equipo necesitó tirar en partidos difíciles, pero para González su aporte ofensivo y de liderazgo no fueron suficientes. Hasta hoy la afición se pregunta por el motivo de estas salidas y sigue esperanzada en la 'repatriación' de Edgar y Marco Tulio como dos hombres de la casa blanca. Este capítulo de desencuentros entre Julio César González, Pedro Portilla y la afición quedaría incompleto sin hablar de uno de los fichajes más vergonzosos que el club pudo haber hecho en los últimos años: el de Isidro Ramón Candia. Jugador que fue publicitado como crack por los periodistas vendidos a los intereses de la actual directiva, sabiendo que venía de fracasar en el fútbol de Colombia y Bolivia: una verdadera vergüenza.
Así las cosas, lo único que nos podría deparar este torneo era una temporada llena de sufrimiento y malos resultados, hasta que con la salida de González, se empezó a ver un cambio anímico y de juego en el grupo: de aquel equipo sin iniciativa, que esperaba y jugaba al pelotazo resguardando su poder ofensivo en alguna genialidad de Fonseca, Tránsito o en una incursión de Pezzarossi como si fuera un equipo de feria; pasó a ser un equipo de gran dinámica que empezó a jugar como un grande. Rigoberto Gómez jugó como hombre libre en labores de contención y desdoble ofensivo. Jairo Arreola y Kendall Herrarte deleitaron la pupila de la nación crema y dejaron un surco de futuro en ambas bandas. Rolando Fonseca, a pesar de las críticas, terminó siendo ese líder incombustible para jugar y hacer jugar a sus compañeros y darle movilidad a Tránsito. Un equipo que empezó a cambiar y en el que sus jugadores, como dijo Juan José Corado Flores en su columna de "El Periódico", se acordaron de que jugaban en un grande del fútbol nacional.
El sufrimiento de la noble afición crema no podría ser completo si no contamos con uno de los males más endémicos que tenemos en el periodismo deportivo guatemalteco: esa caterva de periodistas chapuceros y vendidos a los intereses del club que se dieron a la noble tarea de engañar y confundir a la noble afición de Comunicaciones hablando noche a noche de su actualidad como si lo que se ha expuesto en las líneas anteriores no hubiera sucedido. Este espacio, de aquí en adelante, se encargará de desmentir, palabra a palabra, todo lo que digan que no refleje ni la realidad ni la verdad de la actualidad de Comunicaciones FC. Ha llegado la hora de honrar la verdad y ponerlos en evidencia todo el tiempo que sea necesario. A estos impresentables se suman otros que son dignos de mención: los que están vendidos a los intereses del otro equipo, utilizando la Radio Deportiva más escuchada del país como instrumento de propaganda de este equipo y de los jugadores y técnicos que son sus amigos: otra verdadera vergüenza.
Creímos
Este es un espacio de dignidad. De dignidad en la que se reivindica la grandeza de Comunicaciones. Hasta la mañana de hoy, las emisiones de los programas deportivos de opinión más escuchados del país señalan de manera unánime que Comunicaciones ganó con justicia. Esto se consiguió porque este grupo de jugadores supo soportar no solamente la gran cantidad de contratiempos de la temporada, sino también los insultos y críticas de muchos de nosotros en el estadio; pero sobre todo, las burlas de aquellos impresentables de siempre que día a día decían con gran autosuficiencia que no se iba a clasificar, que no se le iba a ganar a Marquense y que no se iba a conseguir el Campeonato. La humildad, tesón y personalidad de los jugadores de Comunicaciones callaron ayer muchas bocas. Nos alegra sinceramente, porque es un justo premio a una temporada tan sufrida y a un impecable trabajo de motivación y reconversión táctica que Ivan Franco Sopegno consiguió con este grupo. Erwin "el abuelo" Morales dijo ayer esa frase conmovedora: "Siempre creímos...". Esa fe, ese trabajo incansable del que Rigoberto Gómez es símbolo indiscutible, es la que nos ha llevado a este título. Y claro, hay que creer sin dejar de trabajar. Podemos celebrar esta blanca navidad, pero el inicio del siguiente torneo nos debe llevar a pensar y actuar en dirección a darnos cuenta de que Comunicaciones puede tener un proyecto institucional en el que la plantilla está al día, pero que hace falta lo más importante: un proyecto deportivo. Arreola, Herrarte, del Águila y Ordoñez son promesas de un futuro lleno de éxitos, pero de nada sirve si no se piensa en que Comunicaciones llegue a desarrollar la cultura de un verdadero club de fútbol y no solamente un equipo. A pesar de que esté el respaldo de los caudales de la televisión guatemalteca, no se debe olvidar la identidad, lo que empieza por pensar en vincular a los símbolos del club dentro de este proyecto de desarrollo deportivo. El comunicado del Lic. José Rodolfo Pérez Lara en la prensa escrita denunciando la situación de marginalidad en que tiene sumida Pedro Portilla al Prof. Walter Ormeño es inaceptable. El Prof. Ormeño merece respeto por lo que significó como formador y como técnico para el fútbol guatemalteco. Seguimos preguntándonos hasta hoy por qué símbolos cremas como Héctor Tambasco, Byron Pérez, Ricardo Jerez, Óscar Sánchez, Iván León y Ronald González, por poner algunos ejemplos, no están vinculados ni a dirección técnica, ni a gerencia deportiva, ni a desarrollo del fútbol menor y ni siquiera a representación honoraria del club. Si no se recorre esta ruta, Comunicaciones no podrá consolidar su proyecto institucional ni alcanzar los resultados que están a la altura de su historia y logros como uno de los grandes de nuestro fútbol. En peores épocas, de verdaderas vacas flacas, la afición tenía más ilusión, estaba más entregada. La dirigencia de nuestro fútbol debería reflexionar por qué el sentimiento, la identificación y la asistencia de los aficionados a nuestro alicaídos estadios, decrece cada vez más. Sin este cambio de dirección, nuestro fútbol en general no podrá trascender. Comunicaciones no debe seguir sumido en el letargo. Despertemos.
Vencimos
Vine, ví y vencí, dijo Julio César, el gran general romano. Con esta frase se resume la alegría que embarga a la nación blanca. Contra todo lo dicho y oído, fuimos campeones con justicia en una de las finales más dramáticas de los últimos años en el fútbol guatemalteco. No podemos ser ingenuos llenando al equipo de elogios. Aunque Fonseca nos ponía en ruta al título con ese tiro libre hecho con gran inteligencia, Municipal echó mano del gran oficio que tiene apoyado por la lectura de juego de Gonzalo Romero, el que sumado al nerviosismo blanco por sostener la ventaja, trajo como resultado que el máximo rival diera vuelta al marcador. Contrariamente a lo que se pueda pensar, el equipo se fue asentando y mantuvo su 3-1-4-1-1. Aunque Ordoñez tenía que luchar contra la superioridad física de la defensa roja, supo rentabilizar un saque de banda para disparar a puerta y que Rolando Fonseca, el que siempre aparece en las instancias decisivas, tomara el rebote dado por Flores y se fabricara esa media volea que sí, nos dio medio título, porque a partir de este momento el Municipal que Farinha ya creía campeón, se cayó. La definición por penales fue una batalla como pocas y después de Rolando Fonseca, emergió como héroe un hasta ese momento cuestionado Juan José Paredes para hacer una actuación soberbia en la que se fundieron las bases de este nuevo título. No lo decimos sólo nosotros, lo dicen aquellos que nos criticaron: ganamos con justicia a pesar de los terroríficos arbitrajes de ambas finales. Ganamos porque este grupo trabajó, se mató por esta camiseta y en sus noches de intranquilidad soñaron, como si fueran niños, en tener y darnos a todos una blanca, una blanca navidad.
